
Luis Moro presenta una renovada interpretación de La Esfera Invisible y Reflejos. El recorrido comienza con su universo pictórico que, a través de las figuras de Deméter, Apolo y Corcel de Neptuno, evoca las fuentes y los jardines de La Granja como espacios de contemplación, memoria y encuentro. La experiencia se completa con una instalación de tres piezas cerámicas aromatizadas con esencias naturales del Museo del Perfume de México (MUPE). Imagen, materia, música y aroma invita al visitante a adentrarse en la exposición desde una dimensión sensorial que trasciende la mirada.
Las obras de cristal, realizadas por los maestros de la Real Fábrica de Cristales, establecen un diálogo con la arquitectura histórica que las acoge. Sus reflejos y transparencias transforman la percepción del espacio, evocan la memoria del lugar y se funden con las antiguas arcas de recocido, convirtiéndolas en parte esencial de la experiencia expositiva.
El pasillo de atizaderos con “… quince arcas, a modo de quince esferas, que contienen en su centro una pieza de vidrio y sus reflejos, es un espacio modificado por el artista, donde la oscuridad del recinto y la letanía de fondo de un corazón que late en el seno materno (esfera primera vital) crean un estado psicológico en el espectador que condicionan su mirada estética. El elemento central que actúa de hilo conductor es el vidrio. El artista hace un verdadero homenaje a esa tarea artesana del soplado a través del cual el aire insuflado, en nupcias con el fuego, va dando forma al líquido ardiente que, sumergido en el agua, adquiere la textura frágil de una esfera de cristal. Los cuatro elementos naturales conspirando para parir una forma, especie de cosmogonía presocrática explicativa del origen. El vidriero es el demiurgo que insufla vida a la materia, que le da pureza de contornos y estabilidad de líneas. Hálito creador imitado por todo artista que imprime aliento vivo, espíritu, ánima a lo inerte”. Mercedes Gómez – Blesa.
